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INICIOS ARQUEOLÓGICOS EN ARGENTINA

 

Antiguas civilizaciones y culturas, afortunadamente, no llegan a desaparecer por completo. Y si bien han dejado ya de existir como entidades vivientes, no están del todo muertas. Sobreviven en sus restos (ruinas, tumbas, restos óseos o momificados con sus ajuares mortuorios) y un sinnúmero de elementos propios de esas civilizaciones permanecen ocultos todavía , sueltos, naúfragos, aislados, a la espera de ser explorados, hallados y estudiados, aún reconstruídos. El arqueólogo juega aquí un rol preponderante: exhumar estos vestigios del pasado y reconstruir, en base a ellos, las actitudes particulares propias de aquellas comunidades extinguidas.-

 

La ciencia arqueológica fue cimentada en Argentina, entre otros investigadores, por el sabio Juan Bautista Ambrosetti (1865-1917). La placa bautismal de la calle porteña que hoy lleva su nombre, lo define con epigramática concisión en sólo tres palabras: "Explorador – Arqueólogo – Maestro". Satisfactoria síntesis que resume al científico eminente, incansable explorador de regiones casi inaccesibles y remotas llevado por su amor a la naturaleza, a los aborígenes y al pueblo de su tierra; que fundó museos sobre la base de sus propias colecciones, formó discípulos y delineó el rumbo científico de esta disciplina en el país.-

 

Su dominio de esta ciencia fue condición común a los maestros y precursores contemporáneos de Ambrosetti, tales como Francisco P. Moreno, Samuel A. Lafone Quevedo, Adán Quiroga, Roberto Lehmann Nitsche.-

 

Su interés científico le llevó a investigar las raíces folklóricas, buscando como arqueólogo el constante apoyo de la supervivencia de costumbres en las mismas regiones donde realizaba sus excavaciones, a fin de recoger, a veces entre los mismos peones auxiliares, elementos de juicio que le fueran útiles para esclarecer o reforzar la interpretación arqueológica. Se invierte así el curso del tiempo, donde una práctica, una superstición, una leyenda, una costumbre vigentes, pueden contribuir a descifrar el enigma de las figuras que decoran urnas funerarias, aclaran la función de un arma ceremonial o dan, independientemente de la conclusión científica, profundo sentido mágico y mítico a ciertos restos o actos cuya motivación era enigmática o conjetural.-

 

En un pasaje de su obra "Por el Valle Calchaquí" , Ambrosetti nos pinta con prosa emocionada la vívida estampa de una excavación practicada en un yacimiento arqueológico situado en un inhóspito paraje, a fines del siglo pasado:

 

"Sobre el borde de una alta barranca y delante de un paisaje grandioso e imponente, de altos cerros, cuyos flancos el tiempo y los meteoros han carcomido, dormían su sueño eterno, dentro de sus tumbas de piedra, los viejos calchaquíes".-

 

"El agua de las lluvias había lavado la tierra depositada piadosamente sobre ellas y un círculo de piedras, aflorando apenas en la superficie del suelo, traicionaba la presencia de estos panteones".-

 

"Hubo un momento solemne, en medio de este pasaje desolado y triste, a 3.000 metros de altura. Nuestra alegría científica que nos lanzaba a una profanación, contrastaba con la angustia visible en las caras de nuestros peones, a quienes les repugnaba el tener que revolver los huesos de sus antepasados. En sus movimientos y en sus rostros bronceados había como un grito de la sangre calchaquí que protestaba. Ordené una distribución de hojas de coca y las primeras piedras de la bóveda se arrancaron con un ruido de desgarramiento".-

 

"Estimulados por la voz de mando, los picos perezosos golpearon más fuerte, repercutiendo en las tumbas su chocar con lúgubre sonido".-

 

"La primera sepultura quedó abierta y entonces presenciamos una escena conmovedora. Uno a uno nuestros peones desfilaron ante ella arrojando cada cual su puñado de coca y pronunciando en quechua estas palabras ingenuas y sentidas que jamás olvidaré: "Tata antiguo, toma y coquea, no te enojes, a nosotros nos ordenan". Esta disculpa sencilla, esta confesión sincera y ésta declaración de sumisión resignada les dio ánimo".-

 

"Las palabras seguidas y los golpes de pico redoblaron, la tierra y las piedras derribadas sobre el borde de la loma caían en lluvia contínua, rebotando por los flancos hasta el fondo del precipicio".-

 

"Frenéticos por el hallazgo y temerosos de la poca prolijidad de los peones, saltamos dentro de la fosa y comenzamos la extracción de los fríos restos. Nueve cadáveres fueron apareciendo poco a poco debajo de una delgada capa de tierra, cuyas posiciones íbamos dibujando con prolijidad y con ellos algunos objetos de uso, y otros colocados allí por la piedad de los que fueron".-

 

"Aquellos huesos y aquellos cráneos que volvían a ver la luz del sol después de tantos siglos, parecían mirarnos con sus órbitas vacías, sus bocas mudas, y relatarnos su pasado; y en su conjunto tétrico había un pedido macabro para que, como nación y como raza, los arrancáramos de la desesperante mansión del olvido. Estos cráneos parecían decirnos: "Fuimos los dueños de este suelo, fuimos un pueblo grande y numeroso, guerrero y artista, laborioso y viril, sufrido y tenaz; allí están nuestras pircas, nuestras fortalezas, nuestras piedras esculpidas, nuestros artefactos de bronce, nuestros trabajos de cerámica, nuestras pinturas en las grutas y nuestra sangre en las venas de los que aquí viven".-

 

"Fuimos libres, como el cóndor que aún describe en el cielo sus majestuosos círculos y como el guanaco que vaga como fantasma en las altas mesetas desoladas".-

 

"Luchamos contra la naturaleza inclemente de estas regiones domando los elementos y haciéndolos servir para nuestras necesidades".-

 

"Defendimos nuestro suelo con valor y heroísmo contra el avasallante pendón del conquistador y fuimos vencidos por él, gracias al caballo y al arma de fuego que destrozó nuestra entraña y le permitió lanzar un gran suspiro de satisfacción después de cien años de guerra sin cuartel".-

 

"Lo demás, tú como todos los nacidos en esta tierra, lo saben bien; mucho antes, nuestros ojos se cerraron para siempre".-

 

(Fragmento de la obra de Juan Bautista Ambrosetti "Por el Valle Calchaquí", publicado en los "Anales de la Sociedad Científica Argentina", T. 44, P. 303-305, Buenos Aires, 1897).-